sábado, 8 de marzo de 2014

Un campo de espigas.

A finales del año pasado, como regularmente hago, saco de mi libros los que quiero regalar o dejar en las calles para el proyecto Yo Leí Este Libro RD, entre ellos estaba uno de Herman Hesse y éste tenía un capitulo marcado que yo quería transcribir para el blog, lo había olvidado completamente y que suerte que revisé las páginas antes de regalarlo.


Foto: Josefontheroad


El sueño del campo de espigas
Herman Hesse
A una hora de medianoche
Traducido del alemán por Alfredo Cahn

¡Ya te soñé una vez, mi sueño del campo de espigas! ¡Vuelve a inundarme con tu irradiación carmesí y dorada!  ¡Cruza de nuevo el umbral de mi noche y vuelve a ser precursor de una ventura nueva!
Mira, se adelanta el jardín cerrado de mi alba, cuyo aire está hendido de playa y cuya sombra está cuajada de porvenir.  Me parece que percibo el rumor de sus árboles y el perfume de sus praderas;  mi nostalgia se sacia en la abundancia, La mirada mía se transforma y descansa sin quebrarse en las primaveras de mi más temprana juventud.  El sueño adquiere poder y extiende ante mí un campo amarillo de espigas en una lejanía diáfana como el sol.

¡Mi campo de espigas a pleno sol!  Una pleamar de colores amarillos y rojos, una plenitud de luz constante, rosadamente embellecida en la profundidad y animada en los por bordes por olas luminosas y e incansables colores cambiantes.  Un aspecto ilimitado, lleno de sosiego y satisfacción, una fuente de felicidad y belleza, un tesoro acumulado e irrecuperable.  Todo esto se hunde en mi corazón, halla vacíos todos los graneros, los llena y rellena, y se desborda como un río nutrido por un lago hondo.

¡Cómo habría de poder decir, cómo habría de poder nombrar todo lo que se atesora ahora en mi corazón, que ha vuelto infantil, lo que suavemente caldea mi sangre y torna mis ojos tan abiertos, tranquilos y brillantes!  Llenos de la luz del sol y del campo tranquilo y mancomunados con ellos, mis ojos y mi corazón retornan a los hermanos de mi infancia, al campo ondulante, al cielo despejado, a los árboles, arroyos y vientos fraternales.
¡Os saludo, hermanos y hermanas!  ¡Perdonad lo que ha acontecido en el extranjero!  Durante mucho tiempo he estado enfermo;  mi vida y vista ya  no llegaban hasta vosotros; mi fondo más íntimo se había vuelto extraño a mí mismo.  Lo que hay en mí de eternidad y de don materno yacía encadenado; su pesada respiración ya sólo llegaba hasta mí las mediasnoches más silenciosas.  Ahora respira aliviado, respira con mi pecho y abre todo en mí al presente desvelado.
¡Rutilante campo de espigas! ¿Abrevas mi vista con tu claridad serena, o es la luz de mi dicha la que, desbordando de mis ojos, te hace brillar y enciende el sol?  Rico y percibiendo, menesteroso y distribuyendo, dos en uno, médula dulce de un enigma eterno, así es mi amor y el tuyo.  ¡Hasta qué extremo me siento liberado de todas las medidas y puntos céntricos!  ¿Dónde quedan todavía principio y fin, dónde quedan una voluntad y un propósito, un origen y un puente?
¡Rutilante campo de espigas! ¿No eres tú una imagen de mi alma salvada? Tú y yo, ambos en claridad agitada, ambos obsequiándonos mutuamente, y ambos inclinándonos bajo un peso dulce.





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