viernes, 8 de marzo de 2013

Mujer en la ventana: Felíz 8 de marzo!!!

Felíz Día Internacional de la Mujer!!!

UNA MUJER EN LA VENTANA

Si adquieres un billete y viajas a otro país, es posible que veas las
montañas, los palacios y las plazas, los museos, los paisajes y los enclaves
históricos. Si te sonríe la fortuna, quizá tengas la oportunidad de conversar
con algunos habitantes del lugar. Luego volverás a casa cargado con un
montón de fotografías y de postales.
Pero, si lees una novela, adquieres una entrada a los pasadizos más
secretos de otro país y de otro pueblo. La lectura de una novela es una
invitación a visitar las casas de otras personas y a conocer sus estancias
más íntimas.
Si no eres más que un turista, quizá tengas ocasión de detenerte en una
calle, observar una vieja casa del barrio antiguo de la ciudad y ver a una
mujer asomada a la ventana. Luego te darás la vuelta y seguirás tu camino.
Pero como lector no sólo observas a la mujer que mira por la ventana, sino
que estás con ella, dentro de su habitación, e incluso dentro de su cabeza.
Cuando lees una novela de otro país, se te invita a pasar al salón de otras
personas, al cuarto de los niños, al despacho, e incluso al dormitorio. Se te
invita a entrar en sus penas secretas, en sus alegrías familiares, en sus
sueños.
Y por eso creo en la literatura como puente entre los pueblos. Creo que la
curiosidad tiene, de hecho, una dimensión moral. Creo que la capacidad de
imaginar al prójimo es un modo de inmunizarse contra el fanatismo. La
capacidad de imaginar al prójimo no sólo te convierte en un hombre de
negocios más exitoso y en un mejor amante, sino también en una persona
más humana.
Parte de la tragedia árabe-judía es la incapacidad de muchos de nosotros,
judíos y árabes, de imaginarnos unos a otros. De imaginar realmente los
amores, los miedos terribles, la ira, los instintos. Demasiada hostilidad
impera entre nosotros y demasiada poca curiosidad.
Los judíos y los árabes tienen algo en común: ambos han sufrido en el
pasado bajo la pesada y violenta mano de Europa. Los árabes han sido
víctimas del imperialismo, del colonialismo, de la explotación y la
humillación. Los judíos han sido víctimas de persecuciones, discriminación,
expulsión y, al final, el asesinato de un tercio del pueblo judío.
Cabría suponer que dos víctimas, y sobre todo dos víctimas de un mismo
perseguidor, desarrollarían cierta solidaridad entre ellas. Desgraciadamente
las cosas no son así, ni en las novelas ni en la vida real. Por el contrario,
algunos de los conflictos más terribles son aquellos que se producen entre
dos víctimas de un mismo perseguidor. Los dos hijos de un progenitor
violento no tienen por qué amarse necesariamente. Con frecuencia ven
reflejada el uno en el otro la imagen del cruel progenitor.
Exactamente así es la situación entre judíos y árabes en Oriente Medio:
mientras los árabes ven en los israelíes a los nuevos cruzados, la nueva
reencarnación de la Europa colonialista, muchos israelíes ven en los árabes
la nueva personificación de nuestros perseguidores del pasado: los
responsables de los pogroms y los nazis.
Esta realidad impone a Europa una especial responsabilidad en la solución
del conflicto árabe-israelí: en lugar de alzar un dedo acusador hacia una u
otra de las partes, los europeos deberían mostrar afecto y comprensión y
prestar ayuda a ambas partes. Ustedes no tienen por qué seguir eligiendo
entre ser pro-israelíes o pro-palestinos. Deben estar a favor de la paz.
La mujer de la ventana puede ser una mujer palestina de Nablus y puede
ser una mujer israelí de Tel Aviv. Si desean ayudar a que haya paz entre las
dos mujeres de las dos ventanas, les conviene leer más acerca de ellas.
Lean novelas, queridos amigos, aprenderán mucho.
Las cosas irían mejor si también cada una de esas dos mujeres leyese
acerca de la otra, para saber, al menos, qué hace que la mujer de la otra
ventana tenga miedo o esté furiosa, y qué le infunde esperanza.
No he venido esta tarde a decirles que leer libros vaya a cambiar el mundo.
Lo que he sugerido es que creo que leer libros es uno de los mejores modos
de comprender que, en definitiva, todas las mujeres de todas las ventanas
necesitan urgentemente la paz.
Quiero agradecer a los miembros del jurado del premio Príncipe de Asturias
que me hayan otorgado este maravilloso Premio. Muchas gracias y mis
mejores deseos a todos ustedes. Shalom u-brajá.
 
Discurso de Amos Oz, Premio Príncipe de Asturias de las Letras

Oviedo, 26 de octubre de 2007

 Traducción del hebreo de Raquel García Lozano.
 

Mujer en la ventana.

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