viernes, 25 de mayo de 2012

Tiza y pizarrón.



Este calor que quiebra que asfixia que hierve y que mata me empuja al exterior de la habitación, del cubículo de concreto o paja, o arcilla. Me dejo tumbar al suelo, en la azotea, respirando con la boca abierta a ver si el sereno de esta noche refresca el sopor. Mirando al cielo qué otra cosa se puede hacer que no sea mirar las estrellas? A penas algunos puntos luminosos dispersos se dejan ver en todo ese manto celestial.  Mirar las estrellas, mirar hacia arriba, al frente, con ojos infantes pero con curiosidad de astrónomo;  y qué se puede hacer mirando las estrellas cuando no se es astrónomo? Pues adivinar las formas.  De plano no se me parece a ninguna constelación al menos a ninguna de las que no conozco.  El grupo de la izquierda parece un hexágono ´rectangulizado´´ y esas de la derecha una N despatillada. Y qué se hace uno cuando el juego de unir los puntos se torna aburrido? Pues jugar con las nubes y a las formas, casi no hay nubes y las pocas siguen muy lentas y transparentes, el tiempo no ayuda y hay que ser creativo, solo diviso a Don Quijote tragándose una mosca.  Me dan ganas de usar ese cielo plomizo como un pizarrón; se me antoja tener un borrador y tiza, un borrador como los de antes de filtro comprimido y con canales, y las tizas de las buenas eso sí porque las había de dos tipos, las malas que se desboronaban en los dedos y las buenas, esas enceradas tan ricas al tacto, pues yo quiero de ésas , tizas de cera y un borrador de tela, borrar todas esa nubes tan desiguales, tan deformes e irme a esa pared donde nos mandaban a sacudir el borrador cuando éste no aguantaba más borrones,  limpiarlo con sacudidas tan fuertes y enérgicas hasta acabar con las cejas y pestañas blancas y con la boca sabor a yeso.  Ya no quiero unir puntos ni adivinar formas, quiero dibujar una estrella  grande y destellante, sí, eso quiero, una estrella que ilumine siempre y ya no tenga calor.

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