viernes, 15 de abril de 2011

Como si yo lo hubiera escrito.

Tal vez a muchos les pase como a mi cuando se trata de encontrar a un escritor que de pronto se vuelve en uno de tus favoritos. A mi en particular me pasa en tres casos, primero me pasa con esos que te sorprenden, como si mas nadie fuera capaz de decir o narrar las cosas como ´´ese´´ escritor lo hace, y uno se pregunta ¿y este de donde salió? ´´Ese tipo es un genio o un loco´´ que para el caso viene siendo casi lo mismo. Esto me ocurrió con Saramago y Cortázar.

Por otro lado esta con los que compartes su forma de pensar, los que con sus ideales ya sea en términos morales, sociales o filosóficos es como si te encontraras frente a un espejo (como me pasa con Wilde-recientemente con Savater me paso cuando leí sus 7 pecados capitales-o con Krishnamurti, vaya combo!). Por último los que admiras su narrativa, el que escribe como tu mismo lo hubieras hecho, esos que dices´´ así me gustaría escribir´´! o ´´yo lo hubiera dicho de la misma forma´´ eso me pasa con Marguerite.

Aunque en sus escrito haya cierta emotividad, abstracción o vaguedad, veo que en sus fotos aparece una mujer muy fuerte, imponente, no en el sentido prepotente de la palabra sino en el tipo de mujer que adviertes por sus líneas de expresión que sus años no han pasado por nada. Aveces pienso que yo parí a Marguerite, o la tengo incubada dentro, o ella reencarnó en alguien que yo fui en otra vida o simplemente ella-no se como- se mete en mi cerebro, tal vez algún día, en esta vida o en la próxima yo escriba como ella, vaga, etérea, fuerte, carente de conclusiones.


Foto: Una francesa y un japonés.
Inspirada en el libro Hirochima Mon Amour.


Retrato de la francesa.

De: Hiroshima Mon Amour (Marguerite Duras).
Ultimo capitulo.

Tiene treinta y dos años.
Es mas atractiva que guapa.
En cierto modo podría llamársela también a ella ´´The look´´. Todo en ella, palabra, movimiento, ´´pasa por su mirada´´.

Esa mirada se olvida de sí misma. Esa mujer mira por su cuenta. Su mirada no consagra su comportamiento, sino que lo desborda siempre.

En el amor, sin duda, todas las mujeres tienen bonito los ojos. Pero a ésta, el amor la arroja al desorden del alma (elección voluntariamente stendhaliana) del termino) algo más ´´enamorada del amor mismo´´ que las demás mujeres.

Sabe que de amor no se muere. Ella tuvo, en el curso de su vida, una espléndida ocasión de morir de amor. No murió en Nevers. Desde entonces, y hasta ese día, en Hiroshima, en que conoce a ese japones, arrastra en ella, con ella, el ´´ vacío del alma´´ de una mujer que vive en prórroga con una ocasión única de decidir su destino.

No es el hecho de haber sido rapada y deshonrada lo que marca su vida, sino ese fracaso en cuestión: no murió de amor el 2 de agosto de 1944, en aquel muelle de Loire.

Eso no está en contradicción con su actitud para con el japonés en Hiroshima. Por el contrario, esta en relación directa con su actividad para con ese japones...lo que le cuenta el japones, es esa ocasión que, al mismo tiempo que la perdía, la definió.

El relato que ella hace de aquella ocasión perdida la transporta literalmente fuera de si y la lleva hacia ese hombre nuevo.

Entregarse en cuerpo y alma, es eso.

Es la equivalencia no solo de una posesión amorosa, sino también de un matrimonio.

Ella entrega a ese japones -en Hiroshima- lo que de mas caro tiene el mundo, su propia expresión actual, su supervivencia a la muerte de su amor, en Nevers.

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