lunes, 21 de julio de 2008

Como para agarrar un par de maletas!





La isla se torcía como un arco mal hecho: sus dos puntas tocaban casi los litorales griego y albanés, y las aguas del Mar Jónico quedaban apresadas dentro de la curva como un lago azul. Teníamos en la villa un porche espacioso enlosado y cubierto por una parra antigua de la cual pendían como lámparas los grandes racimos de uvas verdes; desde allí la vista, pasando sobre el jardín rehundido lleno de mandarinos y los olivares de verde y plata, abarcaba hasta el mar, azul y terso como el pétalo de una flor.
(…)



En primavera la sábana de agua casi cerrada que separaba Corfú del continente tenía un color azul pálido y delicado; luego, a medida que iba entrando el verano caluroso y crepitante, parecía teñir el quieto mar de un tono más oscuro y más irreal, que bajo ciertas luces era como el azul violeta del arco iris, un azul que en las aguas someras se deslucía para quedar en un rico verde jade. Por la tarde, al ponerse el sol, era como si pasara una brocha sobre el mar, listándolo y emborronándolo de púrpuras manchados de oro, plata, mandarina y rosa pálido.


Cualquiera que en verano contemplase aquel plácido mar interior lo habría creído apacible, un prado azul que respiraba a lo largo de la orilla con aliento suave y regular; costaba trabajo creer que pudiera ser fiero; pero incluso en un día de calma estival, allá por los erosionados montes del continente nacía de improviso un ventarrón caliente y saltaba gritando sobre la isla, oscureciendo el mar hasta ennegrecerlo, peinando en cada una de las olas una cresta de espuma blanca y espoleándolas y azuzándolas como manada de azules caballos enloquecidos hasta estrellarlas exhaustas contra la orilla y hacerlas morir en su sibilante sudario de espuma. Y en invierno, bajo el cielo gris ferrugiento, el mar alzaba adustos músculos de olas casi incoloras, gélidas, y hostiles, entreveradas aquí y allá de lodos y detritos que las lluvias invernales arrancaban de los valles y vertían en la bahía.




Fragmento del libro: El Jardín de los Dioses (Gerald Durrell)

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